miércoles, 9 de agosto de 2023

Recuerdos de Tharsis....Tardes de pandorgas y barriletes.


 

Recuerdos de Tharsis.....Tardes de pandorgas y barriletes

...Los calurosos días de verano, con temperaturas por encima de los treinta y cinco grados, daba paso a una tarde que refrescaba con la llegada de la suave brisa del sur. Brisa que movía los campos de hierba reseca, balanceando y ondulando sus delicados tallos, con movimientos sutiles, como si se tratara de cabellos dorados, movidos por ligeras ráfagas de aire. Brisa que aprovechaba los lugareños en las últimas eras, para separar la paja del trigo. Brisa fresca que impregnaba, los alrededores del pueblo, con aromas penetrantes, delicados, aromáticos, fragantes y perfumados, de bellos racimos de flores de aromos, de vivos colores, ambarinos y gualdos.


Las pandorgas, como solíamos llamar a las cometas, es una afición que se transmitía de padres a hijos. Una afición donde utilizábamos sobre todo materiales, que podíamos encontrar en casa o en la calle. Eran tiempos de precariedad económica, por los bajos sueldos de nuestros padres, por ello cualquier juguete, chisme o trasto, tenía que ser resuelto, sin contar con ningún tipo de ayuda monetaria. Por eso, a la hora de construir nuestra pandorga, nos la ingeniábamos para reunir material de coste cero, totalmente gratis, a excepción de la madeja de hilo, que adquiríamos en la ferretería de Manuel Repiso (d.e.p) aunque también se podía utilizar un hilo de mangueras inutilizadas, que poseía la compañía minera. Este hilo, debía ir empalmado cada ciertos tramos, pero aún así, era muy resistente para hacer volar nuestras pandorgas.


La construcción de nuestra pandorga, comenzaba con el papel acartonado de los sacos de harina, que usaban en la panadería, para hacer pan, o de algún saco de cemento, si había alguna obra cerca. Las cañas para el armazón, la buscábamos en la cañada “Santabarbara” o de forma más cómoda, visitando el cuartillo dónde nuestras madres guardaban, los utensilios de limpieza, para coger prestada una escoba con mango de caña.


El siguiente material, la llamada cola, estaba confeccionada con género de hilo, de esta forma nuestra pandorga, poseía multitud de colores, con trozos de pantalones, enaguas, vestidos, camisas y algún mono de trabajo de nuestros padres.


Para encontrar estos materiales, bastaba abrir el viejo baúl, que toda familia poseía, para encontrar en ellos una rica variedad de prendas de vestir que habían quedado pequeñas o anticuadas. Otro material, que podía usarse como armazón, era el llamado “gamón” muy abundante en nuestros campos y que puede alcanzar casi el metro y medio de altura. Ya con todos los materiales reunidos, comenzaba por fin la construcción de nuestra pandorga, cortando primero el papel acartonado, de manera hexagonal. Una vez cortado, añadías las cañas en forma de aspas, con una central.

Posteriormente comenzabas a doblar el papel por los extremos y pegar con un pegamento artesano, casero, consistente en harina y agua. Harina que también cogíamos prestada de la cocina.


Construido el armazón, había que unirlo con hilo para hacer los ramales, que debía coincidir con los demás, para que nuestro artefacto no titubeara una vez en el aire. Constaba nuestra pandorga de dos ramales, uno de cola y otro de hilo, el de cola solo llevaba dos hilos y donde iría el hilo constaba de tres de forma piramidal. La cola de la pandorga, debía medir varios metros de larga, de esta forma se mantendría en el cielo de forma majestuosa, si faltara alguna prenda comenzaría a dar vueltas y caer en picado, como sucedía más de una vez. Como dije anteriormente, la madeja de hilo era lo único que comprábamos, aunque también había la forma de confeccionarla con las mangueras. Para adquirir el hilo, acudíamos a la ferretería de Manuel Repiso, una vez comprada, nuestra primera madeja, solíamos enredarla por actuar sin sentido común y acababa en objeto abstracto sin pies ni cabeza, por lo que hacía falta comprar una segunda madeja.


Esta segunda madeja con la ayuda inestimable de nuestros abuelos, solía quedar alojada en el palo de unos veinticinco centímetros y lista para añadir a nuestra pandorga.

Otra variedad de pandorga, como la que expongo en la ilustración, se le llamaba “barrilete”, mayor que la pandorga y decorado con flecos de papel de colores que le daban una apariencia fantástica y estética, una vez se balanceaba en el aire. De construcción similar a la pandorga, el barrilete llevaba las cañas más largas, sobresaliendo por los extremos, para añadir hilo que alojara los flecos de colores, pegados con pegamento de harina.


Ya con todo preparado, sólo esperabas la llegada de la tarde y la brisa del sur que elevara las pandorgas hasta el azulado y bello cielo de Tharsis. Para echar a volar nuestras pandorgas, posee Tharsis, lugares elevados, que circundan el pueblo, cada uno de nosotros, dependiendo del barrio que vivieras, escogía su lugar. Lugares que permanecen en la memoria de todos, son... El Cabezo de los Chinos, La “Posá” Cabezo del Campo de Fútbol, Las Culebras. Lugares emblemáticos, que se llenaban con niños, abuelos, padres, para rivalizar quien poseía la mejor y bella pandorga, para mandar mensajes con papeles de periódicos, a través del hilo.


Desde todos los puntos del pueblo y en cualquier barrio, podría divisarse en las largas tardes estivales, serenas, majestuosas, con leves movimientos de cola...Las pandorgas.



Recuerdos de Tharsis...Tardes de pandorgas y barriletes.

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