lunes, 16 de agosto de 2021

El Lúgano


 

El Lúgano.



Una fría tarde de diciembre, de la década de los setenta, me encontraba en el huerto, con mi abuelo Juan. En esos momentos, llegó mi padre, bastante entusiasmado, exclamando.


...-¡Hijo, en casa, en la jaula de trampa del jilguero, hay un lúgano, rondando!


...-Oh, un lúgano, es precioso, a ver si tenemos suerte y lo cogemos.


Pronuncié con entusiasmo.


De momento, atendimos a los cerdos con su ración diaria de comida y también las gallinas, recogimos los huevos y nos dispusimos volver para casa.


El trayecto hasta casa se me hizo corto, pues estaba deseando, ver, si el magnífico ejemplar de lúgano, había caído en la jaula de trampa, del jilguero, la cual, armábamos a diario,para atrapar algún congénere de nuestro jilguero, chamariz, jamás o verdón.



...-¡Sí, ha caído, en la trampa!


Exclamé con bastante alborozo, júbilo y alegría.


En un instante, mi padre bajó la jaula, y retiró el lúgano, con cuidado.


...-Este lúgano, se lo daremos a abuelo Juan, pues el jamás, que tenía, falleció este verano pasado.


Aseveré.


...-¡No te olvides escaldar la jaula!


Exclamó, mi padre.


Al rato, ya tenía el lúgano, en la jaula de mi abuelo, con su ración de alpiste y agua limpia.


..-¡Que bonito son, estos pajarillos, suelen cantar mucho!


Exclamó mi abuelo, con inusitado entusiasmo.



Habituado a su nuevo hogar, pronto, nuestro lúgano, comenzó a deleitarnos, con una sinfonía de trinos y gorjeos que alegraban la calle.


Cantaba al despuntar la mañana, cuando las locomotoras, hacían sonar las bocinas para dirigirse a Corrales.

Cantaba, por el mediodía, cuando Francisco “el niño”hacía sonar la trompeta, que anunciaba, los barrenos desde Sierra Bullones.

Cantaba, por la tarde, mientras escuchaba los vencejos, surcar los cielos de Tharsis, en busca de insectos.

Cantaba, con el crepúsculo, anunciando el final del día y cantaba por la noche, cuando mi abuela se dirigía hasta la cocina, para preparar la cena.


Llegado el otoño, en temporada de paso, solía sacar al lúgano hasta el cabezo, para cazar algunos congéneres con liria de suela de zapatos.

Arrogante, presuntuoso y altanero, competía con ejemplares de algunos compañeros, a los cuales acallaba, demostrando orgullo, soberbia y vanidad.

Con el paso de los años, mi abuelo, comenzó a sentirse mal, por bronquitis y pulmonías mal curadas.

El pajarillo, en acto premonitorio, presintiendo y presagiando, un fatal desenlace, dejó de cantar.

Ya no cantaba, al escuchar las locomotoras, desde la estación, ni tampoco cuando Francisco tocaba la trompeta, menos aún, cuando en las tardes, los vencejos surcaban los cielos, ni cuando el crepúsculo, anunciaba la llegada de la noche.


Mi abuelo, falleció días después de nochebuena. Poco días después, aquel tierno, pajarillo, de plumaje dorado y cante armonioso, melodioso y afinado nos dejó. Quiso acompañar a aquella extraordinaria persona, que con tanto mimo y cuidado, lo había halagado y agasajado.



El Lúgano.....Un relato de Marcos Tenorio Márquez.


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