Recuerdos de Tharsis...El Saucito.
...La llegada de la tarde, acompañada de brisa fresca, invita a dar paseos por los campos, dorados, teñidos de verde, de jaras y jaguarzos. Sobre el suelo de las encinas, circundada de sombras, circulares, descansan conejos, liebres y perdices, dispuestos a emprender de nuevo las actividades, tras el sesteo. El aire abrasador, del mediodía, acompañado de cantos de chicharras, se retira, hasta la llegada de un nuevo día en que vuelva a aparecer, para sofocarnos en las horas centrales.
Acompañado por mi padre y de su viejo barril de barro, con su tapón de corcho, para conservar el agua fresca, solíamos recorrer con cierta asiduidad, recónditos lugares del pueblo, donde el agua de una fuente o manantial, nos saciara de la sed, del viaje.
En esta ocasión decidimos visitar el “Saucito”, lugar misterioso, por las historias y leyendas que se contaban de tiempos pasados, cuando los lobos, recorrían estas cumbres, sembrando el miedo y pavor, a pastores y vecinos de cortijos.
El paseo hasta el “Saucito” discurría por la carretera que nos lleva hasta la “Huerta Grande”, donde una decena de casas con su paredes blancas, se fusionan, con las rocas,envejecidas por el paso de los años, de cuadras, gallineros y paredes de huertos. El ladrido de un perro alerta de la presencia de extraños, siendo calmado por su dueño, que nos saluda de manera cordial. La “Huerta Grande” que en tiempos pasados gozaba de todo su esplendor, ahora se encontraba medio cultivada, protegida con paredes de rocas de vaciaderos, donde se nota los años, de su construcción, por el musgo adherido. En algunas zonas, la zarzamora, se fusiona con la pared, hasta hacerla desaparecer, con su abrazo verde espinoso.
La carretera, bien conservada, enlaza con los bien cuidados “chalets” de los jefes de la mina. Paredes blancas impolutas, con setos recortados, nos hace ver el perfecto trabajo de los jardineros encargados de dichas faenas. La casa de Pepe, el “Belicano” se alza altiva sobre un montículo, flanqueada por alcornoques centenarios, frente al chalets de “Don Juan Davis”. Su cuadra aloja media docena de vacas, de raza holandesa. Su exquisita leche, ordeñada a diario, es vendida por el pueblo, en un cántaro de hojalata, por su hija Fernandita. Alcornoques de enormes dimensiones, despojados de su corcho, forman un pequeño bosque de sombras infinitas, junto a viejos olivos, cuyas raíces se alimentan de las aguas ácidas que corren por el barranco.
Abandonamos los chalets, para sumergirnos en campos, donde crece jaras y jaguarzos, donde el barranco de aguas ácidas serpentea, flanqueados por zarzamoras, de espinosas ramas, donde canta la curruca y el mirlo alarma, a la comunidad, de personas extrañas. Llegados a un cruce de caminos, el de nuestra izquierda, recién sembrados de pequeños eucaliptos, nos lleva hasta la cañada de “Santa Bárbara” donde frondosos huertos, de tierra fértil, producen todo tipo de hortalizas y verduras. Tortuosas higueras, de higos blancos y negros, alimentan a una importante comunidad de aves donde destacan rabilargos, mirlos, oropendolas y bulliciosos estorninos.
Continuamos recto, hasta cruzar de nuevo el barranco, que desciende desde la corta central. Enormes eucaliptos, como muros vegetales, perfectamente alineados, nos conduce por un pequeño valle, horadado por el barranco, donde destacamos una importante colonia de helechos, de los cuales se sirve el pueblo para engalanar el pino en su noche de san “Juan”. Volvemos a cruzar nuevamente el barranco, para encarar los últimos metros, que nos conduce hasta la fuente, de rica y pulcra agua, que nos calmará la sed.
Al pie de las cumbre de los “Molineros” rodeadas por pequeños eucaliptos y algunos árboles frutales, que sucumben, ante el sigiloso y mortal avance de zarzamoras, se encuentra la pequeña fuente. La frescura que emana, desde todo el perímetro, debido a la frondosidad, hace que descienda el mercurio algunos grados.
Una vieja lata de hojalata, que en sus tiempos alojó tomates, nos sirve para recoger el agua que brota desde la entrañas de la fuente, para deslizarse por una zona del brocal, que ha sido destruida o quizás cediera, sus viejas rocas. El agua se desliza por el interior de las zarzamoras, vertiendo su preciado liquido, en estas tierras, sedientas, para mantener este importante vergel, del cual se alimenta una importante colonia de mirlos y otras aves, que encuentra el sustento en la ricas y sabrosas moras.
Mi padre, tras saborear la sabrosa agua, recogida en la lata, llena el barril, y seguidamente nos sentamos a los pies de una pequeña encina, antes de acometer el camino de vuelta, y en este bello entorno, llega la inspiración.
Oh, Saucito, ¿Dime que significa tu nombre?
Quizás, un pequeño sauce, traído por antiguos
dueños y plantado a los pies de estas empinadas
cumbres.
Oh, Saucito, tierras salvajes y de leyendas
donde manadas de lobos, recorría estas
sendas, sembrando el terror, en las noches
de luna llena.
Oh, Saucito, desde pequeño, conocí el
esplendor, de tu cuidado entorno, ahora
todo se desmorona, y las paredes de tus
chozas, ceden, como castillos de arena
al soplar el viento sobre ellas.
Oh, Saucito, en tus empinadas cumbres
crecían trigo, cebada y avena, ahora todo
ha cambiado, y son estos pequeños
eucaliptos, los que ocupan el lugar,en
los que pastaban rebaños de ovejas y cabras.
Oh, Saucito, tu agua, pulcra, cristalina y
limpia seguirá, saciando, la sed del pasajero
aunque, ya no pueda, venir, te seguiré
recordando y quizás algún día, mi hijo
pueda ilustrar estos momentos y hacer
un relato sobre ello.
Recuerdos de Tharsis...El Saucito.
Marcos Tenorio Márquez.
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