La
pompa de jabón.
...Tocaba
la campana en la escuela vieja y los niños entraban en las aulas en
silencio, poco después se incorporaba el profesor Don Andrés. Todos
sentados en los pupitres se integraban y comenzaban a cantar.
...”Cara
al sol, con la camisa nueva...”
Cuyo
estribillo conocían de sobra. Una vez cantado el himno, volvían a
sentarse y Don Andrés, pasaba lista, hasta llegar a Ernesto.
...-No
ha venido.
Respondía
Juan, su compañero.
Instantes
después, unos golpes en la puerta de clase, y una voz amable por
parte de Don Andrés.
...-Pase,
Doña Juana.
...-Perdón,
Don Andrés, mi hijo no se encontraba bien esta mañana, y ha tardado
un poco en incorporarse de la cama.
Respondía
Juana, una frase de sobra conocida por Don Andrés.
...-No
pasa nada Juana, más importante es la salud...anda Ernesto, pasa a
tu pupitre.
Y
Ernesto, con rostro serio, tímido y apocado, se incorporaba en su
asiento, al lado de Juan.
...-Bueno
niños, continuamos con la lección, que iniciamos ayer sobre el
descubrimiento de América. Voy hacer unas preguntas de forma oral y
quiero que me respondáis con seguridad..
...-¿Ramón,
desde dónde partieron las carabelas rumbo al nuevo mundo?.
...-Desde
el puerto de Palos, Don Andrés..-
Respondía
Ramón con un vozarrón de voz varonil
...-Muy
bien, Ramón..
...-¿Rafael,
dime el nombre de las tres carabelas?.
...-Santa
María, Pinta y La Niña.
Respondía,
igualmente con un vozarrón Rafael.
...-¿Ernesto,
quién gritó, tierra, desde el palo de vigía?.
...-No
lo sé, Don Andrés.
Respondía,
Ernesto, con voz afeminada, amanerada. Instantes después de la
respuesta, la clase estallaba en risotadas, carcajadas y jolgorio,
con gestos despectivos, por parte de algunos alumnos que insinuaban,
aludían la homosexualidad de Ernesto.
...-¡¡Silencio!!.-
Exclamaba,
Don Andrés.
...-Porqué
cada vez que Ernesto, responde una pregunta, tenéis que formar
jolgorio, ya esta bien, no quiero escuchar a nadie más, de lo
contrario castigaré a toda la clase.
Esta
frase la había repetido miles de veces, pero nunca castigaba a
nadie, porque Don Andrés, era un profesor, incapaz de infringir daño
a una mosca. El no predicaba con la famosa frase...”La letra con
sangre entra”
Más
bien, predicaba, pregonaba con otro estilo, dónde el castigo físico,
represalias y arrestos no formaba parte.
Una
de las tardes el director del colegio Don Teodoro, llamó a su
despacho a Andrés.
...-Pase
Andrés, siéntese, quiero hablar con usted.
...-Muy
bien, Don Teodoro, pregunte usted lo que sea necesario.
...-A
ver Don Andrés, he observado que en su clase, se produce bastante
jolgorio, los alumnos hacen lo que le vienen en gana y encima ese tal
Ernesto, ese mariconazo es la burla de toda la
clase. Esto no puede seguir así...quiero en mi colegio personas
instruidas, disciplinadas, atentas y si ese mariconazo es
el problema, lo expulsaré, me da igual, hablaré con los padres que
corrijan a su hijo y si hace falta unos azotes pues que se lo den.
Hablando de azotes, mire Andrés, ayer me dí una vuelta por el
barranco ese del cascabelero y me traje varias varas de adelfa, mire
esta, he puesto el nombre de..”Filomena”. Obsérvela, esta es de
la que hace daño en las nalgas, de esos desdichados, esta es la que
hace falta a las nalgas de ese marica, para que
cambie su forma de ser.
...-No
es mi manera de enseñar Don Teodoro, infringir castigo físico,
arrestos, no es esencial como la manera de enseñar a los alumnos.
Los alumnos necesitan motivación, argumentos, sentirse personas,
respeto y valoración, para demostrar de que son necesarios en el
sistema implantado y cada cual debe ofrecernos lo mejor...y de todo
esto carece el alumno Ernesto, por la crueldad, brutalidad y
atrocidad, sometidas por sus compañeros, que encuentran en su
persona una diana para sus burlas.
...-Me
parece Andrés, que sus métodos amariconados de enseñar, no le
hacen bien a esta sociedad....mire..-(acercando a una de las
ventanas).Ve usted esos pobres mineros que trabajan en el malacate.
Así quiere usted que terminen sus alumnos...pues desde estos
momentos, quiero que motive a sus alumnos, con castigos y una buena
vara de adelfa, en especial al mariconazo ese de
Ernesto.
Con
rostro serio, abandonaba Andrés, su cita con Don Teodoro. La
advertencia había calado profundamente en su persona, tenía que
motivar a Ernesto para que se enfrentara a la clase, sin perder su
condición de homosexual.
¿Pero
como motivar a un alumno, que no es capaz de desarrollar nada?.
En
cualquier juego, es un desastre, debe vencer los complejos o
terminará sucumbiendo ante la hostilidad de esta cruel sociedad. Una
tarde de invierno sin que esperara visita, Andrés se presentó de
incógnito en casa de Ernesto, encontrando un panorama desolador.
...-Eres
un mariconazo, a quién sales, seguro que a un familiar de tu madre,
porque en mi familia no ha habido maricones, vaya pena que mi único
hijo sea todo una señorita...¡Vaya pena que tengo, cuando mis
amigos me dicen que su hijo se decanta por la mecanica, el otro por
la soldadura, profesor de E G B .
Exclamaba,
dando voces.
Mientras,
Ernesto, refugiado en las faldas de su madre, lloraba de forma
desconsolada.
...-No
es esa la manera de educar a su hijo.
Respondía
Andrés, entrando de manera precipitada en el pequeño cuartel.
...-Y
usted quién es, que me dice cómo debo de educar a mi hijo.
...-Soy
su profesor, y el niño debe sentirse valorado por todos, de los
contrario no sé lo que puede ocurrir.
Respondía, Andrés.
...-
Anda, márchese de mi hogar, usted me va a decir a mí como debo
educar a mi hijo.
...-Sí,
dice la verdad, eres un animal, el niño necesita comprensión,
entendimiento, tolerancia por parte de todos.
Respondía
Juana, invitando a Andrés que pasara a su hogar.
...-Me
voy de esta casa, quiero despejarme un rato.
Respondía
Fidel, padre de Ernesto y marido de Juana.
...-¡¡Perdone
Don Andrés, pero últimamente está bastante irritado!!.
Respondía, Juana.
...-No
pasa nada Juana, pero este ambiente no es el idóneo para el niño,
ni este, ni el colegio. Debo de hacer algo que lo motive, que se
sienta importante y necesario...y no sé que puede ser..(observando
a Ernesto en un rincón).
Días
más tarde en un paseo diario por los alrededores del pueblo, Don
Andrés, observaba al niño Ernesto, en la calle Puebla. Sobre sus
manos sostenía un pequeño frasco, dónde sumergía, un aro de
alambre para hacer fantásticas pompas de jabón.
...-¡¡Hola
Ernesto, qué fantásticas pompas y que bien la realizas!!.
Exclamaba, Don Andrés.
...-Me
gusta hacer pompas, me enseñó mi abuelo que ahora descansa en el
cielo.
Respondía, con el afeminado timbre de voz Ernesto.
...-Muy
bien, a mí también me gusta las pompas, son muy entretenidas.
Mientras
Don Andrés, pronunciaba estas palabras, una idea surgía de su
cerebro y en silencio se hacía la siguiente pregunta.
...-¿Por
qué no organizar un campeonato de pompas de jabón?..parece que
Ernesto, es un autentico campeón, en dar formas a estas bellas
pompas.
Semanas
después, antes de las vacaciones de navidad, se organizaba un
campeonato de pompas de jabón. Para que los alumnos no sospecharan
nada, antes se había desarrollado otros juegos, dónde Ernesto, siempre caía derrotado.
...-Bien,
mañana cerraremos esta semana cultural con la disputa de un
campeonato de pompas de jabón.
Esta
noticia fue acogida con estupor por los alumnos que preguntaban.
...-¿Quién
ganará el campeonato, cual son las normas?.
...-Muy
fácil, dentro de este primer campeonato habrá tres disciplinas 1º
El mayor número de pompas. 2º La pompa más grande. 3º La pompa
que dure más tiempo sin que estalle.
...-De
acuerdo, Don Andrés.
Respondían,
todos los alumnos.
Capítulo
II
...El
día del campeonato amaneció radiante y soleado. Todos los niños
portaban un pequeño frasco que habían preparado en casa, con jabón
y otro tipo de ingredientes. Cada cual había podido elegir de forma
experta y precisa las mejores sustancias, para alzarse vencedor en
esta prueba inédita en el colegio. El pequeño aro para la
fabricación de las pompas, lo había realizado Don Andrés, y todos
poseían las mismas dimensiones, de esta forma no habría trampas ni
juego sucio. Todo dependía de la habilidad de cada niño y los
ingredientes utilizados en la elaboración.
Numeroso
público se congregaba en las inmediaciones del colegio. Padres de
alumnos, familiares, amigos y todos los profesores del colegio,
incluido su director Don Teodoro. Por parte del niño Ernesto, sólo
su madre asistía, para dar ánimo a su hijo.
A
las doce en punto de la mañana, comenzaba por fin el campeonato. La
primera prueba consistía en el mayor número de pompas.
Cada
alumno tendría tres posibilidades, para conseguir el mayor número.
Don Andrés, anotaba en un cuaderno: Nombre, Apellidos, Prueba y
Número de Pompas. Ernesto, mostraba nerviosismo, al acercarse su
turno. Los primeros alumnos que habían competido habían conseguido
un buen número de pompas.
...-¿Podría,
Ernesto, derrotar a sus compañeros?.
...-Esta
pregunta, se la hacía Don Andrés, mientras contemplaba a los
alumnos realizar las pompas.
Por
fin llegaba el turno de Ernesto, y un gran murmullo se produjo a su
alrededor, con rostros burlescos y grotescos.
...-¡Mirad,
ahora le toca el turno al mariconazo de Ernesto, tendrá fuerza para
soplar!.
Exclamaba
José, el alumno más cachondo, cómico y chistoso de toda la clase.
Este
chiste sin gracia ninguna, provocaba un aluvión de risas por parte
de todos los alumnos, infringiendo a Ernesto, un duro castigo en
forma de humillación, deshonra y ofensa.
Comenzó
Ernesto, de forma nerviosa, a dar formas a las pompas y las dos
primeras posibilidades fueron un desastre. Sólo quedaba una
posibilidad para ganar, y en esos momentos de incertidumbre, agitó
con furia el frasco e introdujo el aro para comenzar a soplar de
forma suave. De sus aro, preciosas e innumerables pompas, ascendían
hasta el cielo, ante el numeroso público, que acogía el momento con
estupor, asombro y sorpresa.
Ernesto,
había ganado esta primera disciplina y una sonriente Juana, se
abrazaba a su hijo, besándolo. La siguiente prueba consistía en
hacer la pompa más grande. Para ello había que concentrarse, para
que no estallara en el aro, pues sólo se contabilizaban las pompas
que habían salido del aro. Los primeros alumnos hicieron unas
formidables pompas, bastante difícil de superar, hasta llegar al
alumno Juan, compañero de Ernesto. Este concentrado y pensativo
estaba dispuesto a ganar esta disciplina, y elaboró una gran pompa
ante el aplauso de todos, que daban por campeón, aunque todavía
Ernesto, no había participado.
...-¡A
ver si puedes con esa pompa, mariconazo,!.
Exclamaban,
en silencio, sus compañeros.
De
nuevo, Ernesto, con rostro serio, comenzó agitar el frasco y soplar
de forma suave, dando forma a una formidable pompa que superaba de
forma bastante holgada, la pompa de Juan, ganando nuevamente esta
segunda disciplina.
Rostros
incrédulos, miradas de envidia, rencor y rabia se cruzaban ante la
posibilidad de que un mariconazo ganara esta prueba ante niños
fornidos, corpulentos y fuertes.
Aunque,
muchos comenzaban a decir.
...-¡Este
campeonato es todo una farsa, esta diseñado, para que gane el
mariconazo, no os dais cuenta que se lleva todas
las tardes haciendo pompas de jabón!.
Esta
dura exclamación, por parte de Rafael, causó estragos en Don
Andrés, y el resto de personas que contemplaba el campeonato, pero
no para Juana, por fin su hijo había sido superior al resto y estos
tenían que claudicar, ceder y someterse ante la habilidad de
Ernesto.Y esta sola idea no la podían digerir, asimilar y
comprender. La última disciplina no se llegó a disputar, ante el
abandono de numerosos alumnos que no toleraban, admitían y aceptaban
ser derrotados por un mariconazo.
El
diploma y trofeo, debía ser entregado por el director Don Teodoro,
pero este en un feo gesto, evadió responsabilidades, esfumándose de
manera vil y cobarde del lugar, poniendo como propuesta que su
anciana madre no se encontraba bien. Sólo Don Andrés y Juana, junto
con algunas personas, sinceras y honestas, quedaron para la entrega
de diploma y trofeo, que hizo bastante feliz a Ernesto, que sonreía
al ver su nombre, inscrito con bellas letras sobre el diploma. Don
Andrés, también se sentía feliz al ver sonreír a Ernesto. Había
conseguido motivarlo y esto era muy importante para que se sintiera
establecido en esta sociedad, en la que impera la heterosexualidad, y
donde la homosexualidad se contempla como algo anómalo que debía
superarse con fuertes palizas, encierros, destierros, ignorancia. Ya
en casa, madre e hijo eran felices por momentos, hasta la llegada de
Fidel. Este, malhumorado por haber perdido su partida del sábado de
dominó ante sus amigos, ignoró de un primer momento a su hijo que
le enseñaba trofeo y diploma.
...-¡¡Mira
papá, he conseguido ser campeón de pompas de jabón!!.
Exclamaba,
de forma alegre, Ernesto.
...-¡Campeón
de qué...de pompas de jabón...eso es una mariconada...hay que ser
campeón de carrera, saltos y cualquier disciplina física!.
Exclamaba
Fidel, exigiendo a su mujer el plato de comida.
...-Muy
bien por tus sinceras palabras.
...-¡Así
tratas a tu hijo, en el día más feliz de su vida!.
...-No
eres capaz de reconocer su condición de homosexual y ayudarlo para
que la exhiba con orgullo.
Exclamaba
Juana, abrazando a Ernesto.
Este
primer campeonato, estrechó los lazos de unión entre Don Andrés y
Ernesto, y este por su parte visitaba de forma frecuente y
persistente su hogar en la calle Burgos, levantando falsas opiniones
por parte de algunos vecinos, que veían en esta visitas, claros
signos de favores sexuales, por parte del niño. Estas injurias,
ofensas e infamias, por parte de los vecinos, nunca pudieron ser
probadas y el niño caía irremediablemente en una espiral de
chantajes, extorsiones y coacciones, por parte de adolescentes, mayor
que el, que lo reclamaban para proceder con el en tratos vejatorios,
humillantes y denigrantes, en las cuales estaban presente
penetraciones, felaciones y todo tipos de situaciones de lo más
bajos instintos del ser humano. Este trato vejatorio por parte de
algunas personas, hizo que Ernesto, se refugiara en su hogar sin
querer salir. Sólo frecuentaba cada vez más el huerto, dónde
comenzaba a cuidar con cierto esmero una decena de gallinas, algunos
gatos y los cerdos de la familia. Y es aquí en el huerto, dónde
comienza a escribir un diario con todo lo que le ha sucedido desde
que tenía uso de razón. A este diario titulará....”La pompa
de jabón”
Capitulo
III.
...A
finales de los años sesenta, la escuela vieja cierra sus puertas
para siempre. Los alumnos cursarán estudios en la nuevas
instalaciones cercana a la iglesia. Don Andrés, natural de Huelva,
elige también nuevo destino, concretamente en la ciudad que lo vio
nacer. Esta noticia produce en Ernesto, consternación, aflicción y
abatimiento. Su principal protector junto a su madre, ya no podrá
defenderle ante los ataques de ira de sus compañeros, tampoco
ofrecerá consejos, recomendaciones y sugerencias. El nuevo profesor,
que sustituye a Don Andrés, es totalmente diferente, opuesto y
contrario. Apellidado Torres y de nombre Juan, pronto los alumnos
comenzarán a padecer en sus carnes, la forma de dar clase de este
hombre de ideología fascista. Los nuevos colegios en el extremo
opuesto del pueblo, hacen que Ernesto tenga que madrugar para
trasladarse hasta la nueva ubicación que dista casi un kilómetro de
distancia. En la presentación del nuevo curso, Don Teodoro, como
director del colegio, informa a Don Juan, de cada alumno, haciendo
especial hincapié en el alumno Ernesto.
...-A
este me lo tienes que espabilar, estimular y espolear, es una rara
avis..o sea, un mariconazo, o como se le llama
ahora un homosexual. Necesita una buena vara de adelfa...¡Si
necesitas alguna, yo guardo en mi aula una buena colección!.
Termina
exclamando, Don Teodoro.
...-No,
gracias, Teodoro ,no necesito varas, reglas ni palos. Mi arma son mis
manos, con estas manos, he abatido alumnos fornidos, incluso han
vomitado sangre, reventado fosas nasales, así es que no necesito
varas.
Respondía
Don Juan, mientras enseñaba sus grandes palmas a Teodoro que quedaba
estremecido y aterrado.
...-¡No
quisiera ser un alumno, a punto de ser golpeado por esas manos, con
esas zarpas que posees, es verdad, para que necesitar una vara!.
Exclamaba, Teodoro
con fuertes risotadas y carcajadas...y en silencio pensaba.
...-”Este
es un profesor y no el mariconazo republicano y rojo de Andrés”.
En
su presentación ante los alumnos, Juan dejó constancia de lo que
quería de cada alumno...esfuerzo, sacrificio y trabajo, para poder
obtener las máxima notas y superar el curso sin problemas. De lo
contrario, quién mostrara síntomas de dejadez, pereza y desgana,
sufrirían en sus carnes la fuerza de sus brazos.
...-¡Quedáis
advertidos!.
Exclamaba,
golpeando la mesa con violencia.
Pocos
días después de su incorporación, Don Juan, charlaba con cada uno
de los padres de los alumnos. Sus palabras siempre las mismas.
...-Soy
partidario del castigo físico para motivar a los alumnos al estudio,
de otra forma pueden caer en la pereza, desidia y vagancia y no ser
nadie en la vida.
La
respuesta por parte de los padres siempre igual.
...-Haga
usted lo que encuentre necesario y conveniente. No quiero que mi hijo
siga mi ejemplo y trabaje en las minas y convertirse en un enfermo
con silicosis, bronquitis y todo tipo de enfermedades.
El
encuentro con el padre de Ernesto, fue especial, pues este aconsejado
por Don Teodoro, sabía que necesitaba motivación extra.
...-Por
favor Don Juan, castigue a mi hijo hasta la extenuación, necesita
mano dura, en casa no puedo, pues mi mujer se opone, pero con usted
será diferente.
...-No
se preocupe Fidel, verás como este año su hijo cambiará y
abandonará esa manera cursi, amanerada y ridícula.
Con
buenas vibraciones y un estrechamiento de manos, abandonaba Fidel,
sus cita con Don Juan.
Después
de pasado el mes de septiembre y ya con los nuevos libros, las clases
se iniciaban con normalidad. Don Juan, era partidario, de que los
alumnos salieran a responder las preguntas delante de toda la clase,
de esta forma aprenderían a perder el miedo de dirigirse en público.
...-Ernesto,
aproxímate a responder unas preguntas.
...-¿Como
se denomina los animales que comen de todo?.
...-Herbívoros..
Don Juan.
Respondía,
Ernesto con el mismo timbre amanerado de siempre.
...-¿Está
seguro?.
Preguntaba
Don Juan, despojándose de la alianza.
...-¿No?.
Respondía
Ernesto, con serias dudas.
Entonces,
desde su cómodo sillón, con el dedo indice, indicaba con leves
movimientos, que se acercara hasta su presencia. La clase expectante,
esperaba el fatal desenlace. A escasamente un metro de distancia y
sin esperar....Don Juan descargaba con furia su palma, sobre el
rostro de Ernesto, que no lo esperaba. Esta tremenda bofetada hizo
que el niño, casi cayera al suelo abatido. Sin tiempo a reaccionar,
una segunda bofetada, desde su lado derecho, lo dejaba en situación
comprometida, con claros signos de desvanecimiento, mareo y desmayo.
Es aquí dónde este perverso, malvado y pérfido profesor saca a
relucir la violencia de la que hace gala, golpeando con saña, el
cuerpo de Ernesto....(como en un combate de boxeo) al cual despide
con una sonora patada al retornar al pupitre. La tremenda paliza, no
pasa desapercibida para el resto de compañeros, que ven en Ernesto,
el conejo de indias, para que este profesor de conducta violenta y
agresiva, libere, aplaque, toda la ira acumulada, en su orondo
cuerpo.
Preocupada
por la tardanza de su hijo, Juana, sale a su encuentro, encontrando a
Ernesto, vomitando sobre una aromo del paseo “Tacones”.
...-¡Ernesto
hijo, que te sucede!...¿Quién te ha golpeado, tienes la cara llena
de moratones?.
Exclama
y pregunta Juana, con claros signos de preocupación.
...-No
pasa nada mamá, al cruzar la carbonería de Domingo, resbalé.
Ya
en casa, Juana, con compresas frías cura los moratones sobre el
rostro.
...-¡Que
pasa!.
Exclama
Fidel, que vuelve del huerto.
...-Nada,
el niño que ha resbalado al volver del colegio.
Responde
Juana.
Mientras,
Fidel, esboza una sonrisa al entrar en la habitación a cambiarse de
ropa. Esta soberana paliza, ha calado hondo en Ernesto, el cual añora
los años pasados junto con Don Andrés. Los días siguientes, el
cambio que esperaba, Don Juan, que se produjera, no se produce.Y la
reacción es negativa, incrementando de esta forma el número de
bofetadas, patadas y todo tipo de humillaciones, mientras ponía en
practica otro tipo de castigos, como el encierro en el aula. A las
cinco en punto de la tarde, todos los alumnos retornaban a sus
hogares...¡Todos no!.
Uno
permanecería encerrado en la fría aula, mientras el crepúsculo
comenzaba a cubrir de sombras el pueblo. Nuevamente, preocupada por
la tardanza de su hijo, Juana, junto con su sobrina Josefa, buscaban
a Ernesto, recorriendo casi el kilómetro hasta llegar al colegio. Al
escuchar la voz de su madre, desde la reja de la puerta del colegio.
Ernesto, ha comenzado a llorar. Un llanto amargo, doloroso, penoso.
Al escuchar el llanto, Juana, ha dirigido sus pasos a la casa de Don
Juan. Allí es recibida, por una mujer que dista mucho del carácter
de su marido, agresivo y violento.
...-¡Que
desea usted!.
Exclama,
Manolita...esposa de Don Juan.
...-Mi
hijo, permanece encerrado, en la clase de su marido.
Responde,
Juana.
...-¿Encerrado?.
Se
pregunta, Manolita.
...-Sí,
seguramente no habrá dado la lección y su marido lo ha castigado.
Responde,
Juana.
Espere
un momento, llamo a Juan, que ha ido a visitar a Don Carlos.
En
un breve momento, Juan, Juana y la sobrina de Juana, liberan a
Ernesto del castigo.
Poco
después en el aula, Juan, mantiene una charla con la madre de
Ernesto.
...-¡No
sé como motivar a su hijo, pero es un desastre, no hace nada en
clase!.
Exclama
,Juan.
...-Mire,
Don Juan, el castigo físico, porque de la caída de hace unas
semanas, no me creo nada, ni psíquico, con estos encierros, no va
usted a conseguir nada. Mi hijo necesita otro tipo de motivación, mi
hijo necesita cariño, comprensión, tolerancia, benevolencia....Don
Andrés, lo estaba consiguiendo, pero tuvo que marchar, usted con
este trato va a conseguir que el niño se deprima más y no sabemos
que puede ocurrir...porque mi hijo es homosexual, y estoy orgullosa
de el, porque no se ha escondido como otros niños...de seguir así
la cosa por estos derroteros, mi hijo abandonará el colegio....y le
aseguro una cosa....como vuelva usted a poner una sola mano en mi
hijo, sabrá usted como las gasto, lo juro, por todos mis seres
queridos.
Con
estas respuestas, contundentes, por parte de Juana, abandonaron el
colegio, sin que Juan tuviera una sola respuesta que dirigir a Juana.
Capitulo
IV
…Las
contundentes palabras por parte de Juana, habían calado hondo en Don
Juan, pues había probado con todo tipo de castigos sin obtener
resultados positivos. Tan solo quedaba el castigo más duro a que
puede ser sometido el ser humano...la ignorancia. De esta forma,
comenzó al día siguiente su particular disputa, con el alumno
Ernesto. Su primer acto para aborrecer y despreciar a Ernesto,
consistiría en el cambio de pupitres. Para ello ordenó a los
alumnos que abandonaran los pupitres que ocupaban, para más tarde ir
nombrando a cada uno para que ocupara los primeros pupitres. Tan solo
quedaba un pupitre en la última fila, un pupitre destartalado,
envejecido y carcomido y un solo alumno para elegir asiento.
...-Bueno,
usted puede elegir el asiento que quiera.
Sonreía,
de modo burlesco, Don Juan.
Mientras
tanto, Juana, ajena a esta nueva estrategia por parte del profesor,
seguía manteniendo fuertes disputas con su marido, por la forma que
trataba a su hijo. Ernesto, pasaba más tiempo en el huerto, había
decidido reparar las destartaladas instalaciones, pues desde que
falleció su abuelo, nadie había reparado nada...Fidel, solo acudía
para repartir la comida a los cerdos y recoger los huevos de las
gallinas, luego volvía para acudir al circulo minero, donde
disputaba intensas partidas de dominó junto a otros compañeros.
Sin
idea de carpintería, albañilería y otras profesiones, Ernesto,
comenzaba de forma lenta la reparación del huerto. En primer lugar
limpiando de malas hierbas toda la superficie. Casi una hectárea de
terreno. Más tarde conversaba con el viejo Jacinto, podador de gran
talento que sabía podar todo tipo de árboles. El viejo Jacinto,
amigo personal de su abuelo había trabajado con este en la
contramina y no puso ningún impedimento para podar los distintos
árboles que poseía en el huerto..(Melocotoneros, Albaricoques,
Naranjos, Ciruelos y varias Higueras de ricas Brevas).Conocedor de
los cambios que se estaban produciendo en el huerto, Fidel, sonreía
de modo, reposado, sosegado. Sabía que de esta forma su hijo estaría
más tiempo alejado de su presencia, ocupado en reparar el huerto. En
el colegio, la estrategia de Don Juan, tampoco daba resultados, pues
Ernesto desterrado en un rincón, era feliz pensando sobre todo en
salir para acudir al huerto. Los meses transcurrían lentos, y
Ernesto comenzó hacer novillos y no acudir al colegio, para destinar
más tiempo al huerto. En tiempo de primavera, las gallinas cluecas
comenzaron a multiplicar de pequeñas aves el corral, ante la
satisfacción de Ernesto, que veía como el número de pollos
ascendía. También, trataba de convencer a su madre, para la
obtención de cabras y alguna oveja. Quería hacer una pequeña cerca
en el huerto, para criar estos tipos de animales y aprovechar los
pastos cercanos a sus instalaciones para la comida. En un breve
espacio de tiempo, la vida de Ernesto, había cambiado de modo
radical, pues ahora sabía aprovechar este momento para dedicar su
vida al cuidado del huerto. Ante las continuas ausencia de Ernesto a
clase, Don Juan se entrevistaba con Fidel, en el casino.
...-Fidel,
buenas tardes. Quiero hablar con usted para informar que su hijo
últimamente falta al colegio de modo continuado, sin justificar sus
ausencias.
Argumentaba,
Juan.
...-Pues
no sé, mi mujer es la que tiene más trato con el y es la que manda
a clase diariamente.
...-Pues
no acude, debe hacer novillos y acudir a otro lugar.
...-¡El
huerto, claro, pasa todo el tiempo en el huerto, haciendo creer a su
madre que está en clase!.
Exclamaba,
Fidel.
...-Mire
Fidel, es una pena que su hijo por culpa de su madre, sea un caso
perdido para la sociedad. Ella se opuso al castigo que iba a
enderezar su rumbo. Su mujer lo tiene muy consentido, mimado, al ser
único hijo, sinceramente le digo Fidel, que a su hijo le hace falta
un buen correccional y cuando vuelva, le aseguro que notará el
cambio.
La
noticia de las ausencias de clase espoleó a Fidel, que volvía para
casa con rabia, ira y furia. En casa, Juana, ayudaba a Ernesto hacer
los deberes, ajenos a la noticia de Don Juan.
Un
golpe seco en la puerta, y esta se abría de modo precipitado,
emitiendo un fuerte chasquido al golpear contra la pared.
...-¡Estás
faltando al colegio de manera continuada, eres un sinvergüenza
,golfo!.
Exclamaba,
Fidel, mientras golpeaba el rostro de su hijo con fuertes puñetazos.
La reacción de Juana, no se hizo esperar y ambos entraron en una
pelea cuerpo a cuerpo. Gracias a la ayuda de algunos vecinos que
acudieron al hogar al oír las voces, el enfrentamiento entre ambos
no tuvo fatales consecuencias.
A
la mañana siguiente, Juana y Ernesto, abandonaban la casa. Su
destino...el huerto. Madre e hijo, comenzaban una nueva etapa en sus
vidas, lejos de la tiranía, opresión y autoritarismo que hacía
gala Fidel, que no reconocía la homosexualidad de su vástago y
creía que se podía curar a base de fuertes castigos, encierros y
brutales palizas. Con algunas reformas efectuadas por Ernesto, en la
choza, faltaba aún reformar parte del techo, suelo y hacer una
pequeña cocina. Gracias a la ayuda de algunos amigos del padre de
Juana, en pocos días la choza era un lugar habitable y apacible. Una
gran sorpresa se llevaron días después de limpiar el lugar.
Detrás
de la choza, existía un horno de piedra totalmente funcional. Tan
sólo habría que hacer una limpieza del lugar, para comenzar hacer
ricos panes y todo tipo de bollerías. En casa, mientras, Fidel
contaba los días que aguantarían en la choza del huerto...en
silencio exclamaba.
...-¡En
cuanto vean las primeras ratas, ciempiés, arañas y escorpiones,
saldrán de allí despavoridos!.
Fidel,
se equivocaba, había transcurrido varias semanas y madre e hijo
continuaban en la casa. Gracias a la inestimable ayuda de su sobrina
Josefa, que había traído comestibles, madre e hijo pudieron
sobrevivir y ahora ya con el horno funcional, podrían comenzar hacer
panes, magdalenas, tortas etc. Juana, recordaba cuando visitaba a sus
abuelos en el huerto, como estos hacían en el horno ricos panes,
tortas, magdalenas y cualquier producto a base de harina, levadura,
agua y huevos recién cogidos de las gallinas. La materia prima para
calentar el horno la obtenía de forma generosa de la cantidad de
jaras, jaguarzos y otros arbustos que poseían alrededor, de esta
forma la jara añadiría su aroma al pan haciendo de este un manjar
exquisito. Ernesto, no volvió más al colegio desde ese día.
Don
Juan, apenas se había preocupado de su ausencia, aunque ahora le
faltaba un alumno en el que descargar su rabia, ira y furor. Con
cierta experiencia a la hora de hacer productos de panadería,
gracias al tesón, constancia y persistencia de madre e hijo, pronto
por el pueblo se difundió el rumor de que Juana y Ernesto,
comenzaban a vender sus productos, totalmente artesanos, realizados
de forma totalmente natural. Los primeros autos llegaban hasta las
inmediaciones del huerto, para adquirir los productos. Todos
comentaban el buen sabor y la calidad de que hacían gala, aparte el
precio no era exagerado, para la forma en que se hacía, todo a mano.
Esta noticia, pronto llegó a oídos de Fidel, que al sentirse solo
se refugiaba inevitablemente en el alcohol. Madre e hijo en pocas
semanas ganaron tanto dinero como para invertir en la adquisición de
nuevo material de panadería y también para comenzar a adquirir,
algunas cabras y ovejas, para hacer quesos y quesiños, con la leche
obtenida.
Capitulo
V.
..En
la soledad del hogar, pronto Fidel, se daba cuenta que de seguir así
sus días estaban contados, por eso tuvo que claudicar y se acercó
hasta el huerto a pedir perdón. Una llamada en la puerta cuando
madre e hijo, se disponían a preparar nueva masa para preparar
panes.
...-¡Quién
es!.
Exclamaba
Juana.
...-Soy
yo Fidel,vengo a pediros perdón por todos los acontecimientos
pasados y la forma de tratar a Ernesto. Os ruego que me perdonéis y
volváis a casa.
...-¡A
casa, ya es tarde, yo y Ernesto nos ocupamos de una panadería que
hemos montado, además todo es un plan, porque sabemos que pasados
unos días, volverás a ser el mismo!.
Exclamaba
Juana, bastante irritada.
Gracias
a la mediación de Ernesto, Fidel, pudo entrar en la choza y
contemplar el profundo cambio producido, del cual no se esperaba.Con
un fuerte abrazo a mujer e hijo, quiso borrar el pasado, comenzar de
nuevo y reconocer por fin la homosexualidad de su hijo. Aunque habían
sellado las paces, gracias a Ernesto, y su carácter reconciliador,
madre e hijo continuaban con el negocio de la panadería. La
clientela aumentaba y pronto comenzaría la venta de quesos y
quesiños de las cabras y ovejas adquiridas. Con el paso de los años,
Juana, mostraba síntomas de cansancio, y poco a poco iba dejando el
negocio para su hijo que se ocupaba de todo...arrancar jaras, para
calentar el horno, ordeñar ovejas y cabras, cuidar de gallinas,
cerdos y también sembrar patatas , hortalizas y verduras, en la
hectárea de terreno que disponía.
Este
duro trabajo lo realizaba con orgullo, satisfacción y honra. No
tenía que demostrar nada a nadie, su reputación de persona
inteligente, educada y culta se la había ganado a pulso, bajo unas
condiciones, despiadadas e insoportables, con claros signos de
vejaciones, humillación e injurias por parte de una sociedad la cual
no contemplaba la homosexualidad.
Con
la edad de 19 años, el ejercito lo reclamaba, para cumplir el
servicio militar. Este hecho, atormentaba, afligía y apenaba a
Ernesto, temeroso de que pudiera volver los fantasmas del pasado,
cuando comenzaba en el colegio y el posterior trato por un superior
llamado Don Juan. Antes de partir para su destino en Cartagena, donde
cumpliría casi dos meses de campamento, su madre aconsejaba que
perdiera la timidez de que hacía gala y que dijera su profesión, de
esta forma podría ser escogido en cocina y librarse de guardias,
maniobras y demás. Y efectivamente así ocurrió, como contaba a su
madre en una carta enviada.
...-”Mamá,
he tenido suerte, acabo de entrar en cocina, aquí hay varios
andaluces y algunos son de mi condición, me aconsejan y ayudan a
superar estos largos meses, hasta licenciarme. He pedido destino
cuando termine el campamento. Quiero hacer el servicio en San
Fernando en Cádiz, cerca de Huelva, para acercarme a vosotros lo más
que pueda en este tiempo..”.
Mientras
leía la carta Juana, no podía evitar, derramar unas lágrimas. A
vuelta de correos, Juana, informaba que el ganado se encontraba
perfecto, que la panadería ya habría tiempo de reabrirla, cuando
volviera.
Una
vez superado, el servicio militar, Ernesto se entregaba en cuerpo y
alma al negocio, con años de mucho trabajo y esfuerzo, donde
adquirió suficiente profesionalidad para marcarse nuevas metas, en
su ya dilatada vida como panadero, artesano.
Cumplidos
los 30 años, Ernesto, sintió la necesidad de cambiar de aires,
aunque el negocio de la panadería y los productos naturales que
vendía, continuaba en ascenso, sentía que ese pequeño espacio cada
día se le hacía monótono, aburrido y rutinario. Ultimamente se
entregaba a la escritura y el diario que tenía casi olvidado, volvió
de pronto a recobrar vida, hasta casi actualizarlo por completo con
la fecha actual. La idea de partir y abandonar el negocio, comenzó a
surgir, solo un problema, su querida madre había enfermado estos
años y su padre aunque había cambiado con respecto a su infancia y
adolescencia, no confiaba mucho de él. En una animada charla, una
tarde en el huerto, Ernesto explicaba a su madre la necesidad de
cambiar de aires. Esta que nunca se había opuesto a nada que le
dijera su hijo, animaba a este a dar el paso, prometiendo que la
visitara, una vez instalado en su nuevo destino. El día antes de la
marcha, madre e hijo se fundían en fuertes abrazos, donde lágrimas,
sinceras y honestas, bajaban como torrentes de agua cristalina de sus
ojos, enrojecidos. El destino de Ernesto, sería la capital de
España. Gracias a unos familiares de Juana, Ernesto, comenzaría a
trabajar en una panadería de productos artesanos. En su maleta de
viaje guardaba con celo su diario. Recién llegado a la capital, al
principio le costaba aclimatarse a una gran urbe, pues todo era
diferente, a lo que había conocido hasta el momento, pero su afán
de conocer algo nuevo, superaba todos sus miedos. En las cartas que
mandaba a su madre, contaba las maravillas de la ciudad, con cantidad
de lugares que visitar, y en el trabajo las cosas no podrían ir
mejor.
...-”Querida
madre, espero que estés bien de salud, acompañada de papá. Las
cosas me van muy bien, y acabo de conocer a un chico de mi condición,
que trabaja conmigo, del cual estoy completamente enamorado, aunque
es más joven que yo unos años, espero y deseo que cuando escriba
otra vez, pueda contarte que he formalizado mi relación con el..”.
Ernesto,
pasada unas semanas, veía raro que su madre no hubiera contestado.
En esos precisos momentos sonaba el teléfono en la panadería.
...-¡Ernesto,
tienes una llamada!.
Exclamaba
un compañero.
El
semblante de Ernesto, cambió de momento, volviéndose pálido y
demacrado.
...-¡Que
sucede,que sucede!.
Exclamaba,
en un estado de nerviosismo e inquietud. Por el rostro del compañero,
que había recogido la llamada...Ernesto, supo, que algo terrible
había sucedido.
…-¡Ernesto,
hijo, soy tu tía...ven para casa !.
Exclamaba
su tía, sin añadir una frase más.
...-Te
acompaño, hasta casa de tu tía.
Replicaba,
Alberto, pareja formal de Ernesto
A
toda prisa sin perder un segundo, cogía el autobús, que lo llevara
hasta el barrio de Usera, donde residía su tía...que lo esperaba a
la entrada del edificio.
...-¡Que
ha pasado títa, por favor........ que ha pasadoooooooooooo!.
Abrazada
a Ernesto, esta daba la noticia que nunca hubiera querido escuchar.
...-Tu
madre ha fallecido.
Ernesto,
sintió que el mundo se derrumbaba a sus pies, mientra comenzaba un
llanto, aplacado por su tía y su compañero Alberto. En el viaje
para Tharsis...Alberto quiso acompañar a Ernesto, en el viaje más
sufrido, resignado y angustiado, jamás realizado, acompañado
también por sus tíos. En la pequeña casita donde habitaba, se
había instalado la capilla ardiente, con los restos de Juana.
Fidel,
muy afectado, denotaba claros síntomas de haber contraído una
terrible enfermedad, que se había instalado, hace algún tiempo en
su cuerpo, por su afición al tabaco y alcohol. A las puertas de la
pequeña casa todo el mundo esperaba con impaciencia la llegada de
Ernesto, que se produjo casi a media noche. Escenas de dolor se
produjeron junto al cadáver, de Juana, con Ernesto, abrazado a su
querida madre, no queriendo reconocer que su madre estaba fallecida.
Sobre las doce de la mañana, el cuerpo de Juana, era inhumado en el
camposanto del pueblo, bajo una incesante lluvia. Fidel, Ernesto,
Alberto y los familiares más allegados, aguantaron estoicamente la
incesante lluvia, hasta que el enterrador cubría para siempre la
caja con una loza, en el nicho dónde estaban enterrado sus padres.
Los días siguientes fueron recordados con dolor, pues Ernesto
recordaba con nostalgia los años vivido junto a su madre y como esta
se convertía en su principal apoyo, amparo y protección ante una
sociedad despiadada, cruel y desalmada, con su causa. Presentado el
compañero de Ernesto a su padre, este lo recibió con frialdad,
aunque estos últimos años, su modo de pensar había cambiado, aún
no podía asumir, aceptar y admitir la homosexualidad como una forma
de vida, para contraer matrimonio posteriormente.
Por
el pueblo estos días corría todo tipo de rumores.
...-¡Os
habéis fijado, en el compañero de Ernesto!.
Exclamaban,
algunas cotillas y chismosas en cualquier lugar del pueblo.
...-¡Si
es su novio!.
Exclamaban
otras.
...-Pues
es bastante guapo y atractivo...¡Con las mujeres que hay en este
mundo, que caerían rendida a sus pies y este escoge a un hombre!.
Exclamaban
cierta mayoría.
...-Eso
no quiere decir nada, si la condición de ese hombre es homosexual se
enamorará de otro hombre...que estamos en el siglo veinte, por
favor, dejar ya de criticar y aceptar a los homosexuales.
Replicaba
Manoli, liberal y progresista.
Con
Fidel, bastante enfermo, este no quiso acompañar a su hijo a Madrid.
...-Si
tengo que morir, quiero hacerlo en mi pueblo, no quiero ser un
estorbo para ti hijo..bastantes problemas os he dado ya a tu difunta
madre y a ti.
Replicaba
Fidel, con unas palabras sinceras, que provocaba unas lágrimas, en
el rostro de Ernesto.
Capítulo
VI
Pocos
meses después de fallecida Juana, fallecía Fidel. El cáncer que
padecía por su adicción al tabaco y alcohol, se había apoderado de
todo el cuerpo, afectando órganos vitales, los cuales provocaron una
agonía lenta y dolorosa antes de fallecer. Trasladados nuevamente a
Tharsis, por el fallecimiento de su padre, la pareja formada por
Ernesto y Alberto, anunciaban días después del fallecimiento del
progenitor...que contraían matrimonio dentro de unos meses en el
pueblo de Alberto, un pequeño pueblo en la sierra madrileña llamado
Sevilla la Nueva. La ceremonia bastante sencilla, a la cual
asistieron los tíos de Ernesto y prácticamente toda la familia de
Alberto, se llevo a cabo en la más absoluta intimidad.
Felizmente
casado y residiendo en el popular barrio de Aluche, Ernesto enseñaba
a su marido, el secreto mejor guardado hasta la fecha. Un diario que
comenzó a escribir en plena etapa escolar...titulado..”La pompa
de jabón”.
Alberto
comenzó a leer el diario con avidez, mientras unas lágrimas
descendían por sus ojos. Muchos pasajes escrito por Ernesto también
reflejaban parte de su niñez. Animado por Alberto a que editara
dicho diario, Ernesto, publicaba su diario.Tan solo quería que los
lectores que leyeran este diario, supieran reconocer la lucha
mantenida junto a su madre y el profesor Don Andrés, para sobrevivir
con su condición homosexual, en aquellos difíciles años de
dictadura.
Cumplido
los 53 años y en el 20 aniversario de su boda, Ernesto y Alberto
visitan nuevamente el pueblo tras casi dos décadas de ausencia.
Recorren el parque, donde estaba ubicada la calle Puebla, hogar de su
nacimiento, también los colegios donde solo dio clase un año, el
huerto desde donde aprendió con dureza el trabajo de panadero.
Observaba el campo de jaras de las cuales obtenía la materia prima
para calentar el horno. Todo abandonado, semidestruido, donde la
choza y el horno, hicieron que desde sus ojos descendieran lágrimas.
Por último, se acercaba hasta el cementerio, para visitar a sus
padres y depositar unas flores y recordar con nostalgia aquellos
años.
Fin.
La
pompa de jabón...Un relato original de Marcos Tenorio
Márquez...2014.