Mis Pequeñas Cosas

jueves, 28 de mayo de 2015

Desde el mirador (poesias,poemas,versos e historias de un viejo minero)

De este cielo azul que vemos
suben y bajan estrellas
se ve el sol y la luna,galaxias y planetas.

Cuantos hombres enamorado de ellas
que nos hacen ver,lo que no han visto
y no se preocupan de la tierra
donde hay millones de seres humanos
pasando hambre con sed y en la miseria.

Científicos del mundo, sanad vuestras
conciencias,dad de comer al hambriento
y dejaros de sol,de luna y estrellas.

Bartolomé Tenorio Díaz

.
El asombroso caso del jabalí herido.

Reunidos en torno a mi padre,en la esquina de la casa de Pepa Viñas,los zagales sentados en el duro cemento,se disponían a escuchar una de tantas historias,cuentos y leyendas,que mi progenitor,tenía preparada esa tarde, noche. Después de disputar un partido en el llano de la era,el sudor y la tierra adherida,era la nota predominante, que impregnaba los menudos cuerpos de los chavales en la calurosa tarde, noche Tharsileña. Bajo la tenue,sutil y leve haz de luz que llegaba desde la farola,invadida por cientos de polillas,donde varias salamanquesas,daban buena cuenta,de las mismas,mi padre comenzaba su relato.

...”Bartoliqui”.... ¡¡Cuéntanos un cuento de esos de cacerías,que usted tan bien cuenta!!...exclamaba Mario.

...Bueno,hijitos,os contaré un cuento,relato o leyenda, que me pasó en mis años de juventud y al que titulo...”El asombroso caso del jabalí herido”.

Con inusitado interés,poseídos por el extraordinario “don” que mi padre poseía para contar relatos,cuentos y leyendas...los zagales atónitos,asombrados y estupefactos,juntaban sus reducidos cuerpos, para que el calor que desprendían hicieran mas amena la audición,sobre todo para no perder detalles de la fantástica historia.

.Hace ya muchos años,en mis años de juventud,cuando el hambre rondaba en cada instante mi estómago,pidiendo algo de alimento para mitigar,apaciguar y atenuar la sensación de vacío que mi órgano poseía...me construí un arco con rama de adelfa,pues la adelfa posee una extraordinaria flexibilidad y elasticidad...con una cuerda de esparto, unida a los extremos,ya tenía construido el preciado arco para cazar...solo faltaba las flechas,que deberían ser largas y rectas. En primer lugar quise utilizar las de gamón,pero pensé..son muy frágiles y parten con facilidad,para mi propósito..así es que no la usaré. Pensando que tipo de ramas usaría para las flechas,pasé junto a un huerto,que poseía varios olivos centenarios,en el tronco de los mismos, desde su base,infinidad de ramas golosas o chupones, crecían formando una densa colonia de brotes,cercanos al metro y medio de longitud. Con agilidad felina,salté el muro de rocas de la mina,y corté con mi navaja que pertenecía a mi querido padre,una veintena de estas ramas. Toda la tarde,estuve preparando aquellas ramas...largas,rectas y algo flexibles. Una vez afiladas,ya tenía preparado mi equipo para salir a cazar un desprevenido conejo,perdiz o liebre. A la mañana siguiente,bastante temprano,salí a probar mi arco con las flechas de olivo. Agazapado tras unos matorrales,esperaba junto a una charca de agua,la llegada de algún distraído,confiado e incauto conejo....pero nada,allí solo aparecía,algunos mirlos,cogujadas,trigueros,collalbas
y cientos de gorriones,para abastecerse de agua y placar la sed...a punto de salir de mi escondrijo,bastante aburrido,escucho un ruido bronco,áspero y tosco...me mantengo en silencio sin mover una pestaña,cuando a través de la tronera observo un jabalí joven,nacido sin duda este mismo año. Algo angustiado e inquieto,logro templar mis nervios,y me dispongo a disparar contra el animal que bebe de forma apacible,sin detectar mi presencia. De certero disparo logro impactar mi afilada flecha en una de sus nalgas y me dispongo a lanzarme contra el para abatirlo con mi navaja....el animal herido,con lastimeros gruñidos,emprende veloz huida a través de monte bajo donde destaca brezos,aulagas,jaguarzos y jaras. En su huida logra partir un tramo de la flecha,aunque la parte afilada se encuentra alojada en la nalga. Con desilusión regreso a casa,los días siguientes trato de buscar infructuosamente al animal,sin conseguir mi objetivo. Pasados unos años, ya con mi trabajo en la mina,logro comprar una escopeta paralela marca “Lanber” y con ella salgo a cazar acompañado de mi fiel perra “Lucera”...me encuentro cazando casi a las orillas del dique “Lagunazo” escondido tras unos juncos la llegada de ánades reales,cuando de nuevo a escasamente una decena de metros, observo un gran jabalí que se dispone a dar un baño de barro para desparasitar su cuerpo de las molestas garrapatas ,chinches u otros parásitos. Recordando aquella vieja historia que me ocurrió hace años con un joven jabalí. Apunto esta vez mi escopeta, sobre la cabeza, y de certero disparo logro abatir a la bestia,ante los ladridos de mi perra, que de forma cómplice, secuaz y colaboradora,se ha mantenido callada durante el lance. Casi enterrado en el fango,encuentro el gran jabalí, emanando abundante sangre de su cabeza. Con duro esfuerzo logro arrancarlo del barro y al dar la vuelta me llevo la mayor sorpresa de mi vida,sobre una de sus nalgas crecía de modo frágil,un pequeño olivo.

...Asombrados,perplejos y sorprendidos,los chavales esbozaban una sonrisa...esa noche sin duda,sus infantiles cerebros recrearían la historia de mi padre, mientras soñaban en sus apacibles lechos,con aquel asombroso jabalí,mientras mi padre degustaba el último trago de aguardiente,para a la mañana siguiente, retornar a la mina.

...Un relato original de Bartolomé Tenorio Díaz.

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